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La marabunta de IA
De un tiempo a esta parte todo es IA en la comunicación por carteles. Párate a pensarlo: de seis meses para acá las mismas tipografías, estructuras, iconos, filtros, “aroma”…
Yo lo entiendo: no vas a contratar a un diseñador para hacer el cartel de tu asociación de barrio o de tu pequeño bar de bocatas, y tampoco tienes mucho tiempo para ponerte a pergeñar algo en Canva. Es fácil. Es inmediato. Es resultón.
Y, lamentablemente, es ubicuo.
Da igual que sea una floristería que la última hamburguesa perpetrada en una food truck. Da igual que un gimnasio oferte clases de yoga o que se convoque una manifestación contra el impacto medioambiental de las plantas de biogas. Todo tiene el mismo estilo.
Y eso, si te paras a pensar, es un problema. Porque la publicidad funciona cuando te puedes distinguir de otros. Necesitas comunicar, pero también ser mínimamente memorable para tu público objetivo.
Lo último que haría yo como diseñadora/ilustradora/artista (ojalá una palabra como mocatriz para recoger mis oficios!) sería hacer todo igual. Porque una cosa es tener un estilo y otra cosa es homogeneizar como lo hace la IA.
(Sí, soy diseñadora. Sí, soy ilustradora. Sí, soy artista. Soy todas esas cosas porque es mi oficio comunicar ideas a través de imágenes, y puedo utilizar distintas herramientas para transmitir de la mejor manera posible los mensajes de mis clientes. Y además hago visual thinking).
Diferenciarse
El caso es que a principios de septiembre estaba tan tranquila y acalorada en mi casa cuando me llama Esther Ciria, de Casa Paúl. “María, podrías hacerme unos visual thinking de esos que haces tú? Pero es para dentro de tres días”.
Contexto: Feria de Aínsa de productores agroalimentarios. Multitud de ofertas. Hay que distinguirse, hacerse memorable para el público objetivo. Hay que comunicar ideas, procesos, valores… Así que Esther se vino a la Torre, y mientras charlábamos sobre qué es importante cuando se hace vino y aceite ecológico estuvimos haciendo bocetos, concretando qué quería contar de Casa Paúl y sus procesos en el cultivo de uva y oliva -qué vino! qué aceite! deliciosos!
Mientras íbamos decidiendo qué se ponía en cada lona íbamos hablando de esta situación IA gráfica que tenemos. Para ella es triste ver que tantos productores de proximidad estaban sacrificando su comunicación corporativa. Todo igual, todo con el mismo regusto…
Para hacer las infografías usamos unas lonas que Esther había podido rescatar -porque la verdad es que Esther es muy cuidadosa con la huella de carbono, y muy consciente de que cada gesto forma parte del resultado final- y pintamos sobre ellas los bocetos que habíamos pergeñado. El resultado son unas infografías hechas a mano, distinguibles a distancia, con alto impacto visual, que explican con precisión y cariño qué hace que los productos estrella de Casa Paúl sean deliciosos.
No solo la feria de Aínsa
El objetivo a corto plazo era tener unas lonas para colocar en el stand en la feria de Aínsa. Pero a largo plazo, además, estas lonas le servirán para las charlas que tiene que dar en otoño, para las próximas ferias, y como backdrop en la bodega. Un acierto, si te paras a pensar.
La ventaja competitiva que Casa Paúl tiene ahora no es solo a nivel estético -aunque es lo primero que entra por los ojos-, sino que al no delegar el proceso de pensamiento a la IA, al tener que sintetizar y destilar qué es Casa Paúl para poder expresarlo en las lonas, ha mejorado su comunicación empresarial. Y además pasamos un rato estupendo, porque Esther es una persona fantástica. Más como ella, por favor.